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Dios me dio psicoanalistas, psicólogos, terapeutas, para mi necesidad de encontrar… ¡la verdad!

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A Santa Teresa le dio sacerdotes, a mí como no era hija de la Iglesia, no me los dio. A mí me dio psicoanalistas, desde los 18 años, hasta después del Bautismo… y después me volvió a dar psicólogos y no me quitó los sacerdotes. Eso que yo le había  dicho al Señor, en un rapto de amor, que ya nunca más iba a ir a la consulta de un psicoanalista, ni terapeuta, que desde “hoy” Él sería mi Terapeuta. Por aquella época yo mantenía un prejuicio sobre los psicólogos, me imagino que heredado de Argentina, donde triunfó el psicoanálisis.

Pues Jesucristo es Médico de las almas… pero su Voluntad iba a ser otra: Valerse de los Profesionales de la Psicología, como instrumentos de mi “caminito de sanación” Si, hace poco me consolé muchísimo pidiéndole prestado a santa Teresita del Niño Jesús lo de caminito, ella que es tan buena, me lo prestó muy alegre y contenta…

 camino en grises

A los 6 años un hombre desconocido… luego mi mamá, sin darse cuenta, asustándose mucho, profundizó la herida múltiple. 

No hay que  elucubrar, lo único importante es que esa experiencia desvió la ruta que hasta ese día andaba, mi vida cambió drásticamente e imprimió carácter en mi personalidad. Sin darme cuenta, comencé a dudar de la existencia del amor.

Al mismo tiempo, simultáneamente entró el Misterio, entró Dios, que es Amor y me acompañó siempre, a sol y a sombra. Aunque claro, como Él quiso y quiere… y querrá.

niño dolorido1

El dolor se presenta, pero tardaré una vida para identificarlo y otra para digerirlo y otra y otra y todavía…

El dolor es un sentimiento que de por si lo llena todo y me deja muda.

El dolor, el amor…  se envuelven el uno al otro. El amor al dolor, el dolor al amor.

Lo que pide el alma cuando se presenta el dolor, es que le abramos las puertas de nuestro corazón y le hagamos espacio.

El dolor necesita espacio en nuestra conciencia, para darnos cuenta qué nos duele y tiempo para vivirlo y desahogarlo…

Lo importante es que quede clarísimo que así entró Dios en mi vida,  haciéndose compañero de camino, animándome a seguir buscando la verdad, así, así… Sígueme, como a los discípulos.

No fui yo que le busqué.

Mis padres iban a la Sinagoga sólo los días señalados, Rosh Hashaná , Iom Kipur , para los Bar Mitzba que nos invitaban, cuando fue el de mi hermano y para los casamientos… Pero en mi casa no se hablaba de Dios.

¡Mis padres no eran creyentes!

Dios y la Virgen su Madre vinieron a mi corazoncito, en silencio y su amor me movió, alimentó mi deseo de saber. Así sin entender entendiendo, fui emprendiendo mis búsquedas a la espera de la verdad. Muchísimas veces me siento aun hoy casi derribada, me quedo casi sin aliento y Dios me levanta.

Hoy es claro como el día, aunque es de noche, porque gracias a Él, ya soy hija de la Iglesia.

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